El reloj marcó su gran noche, pero su sonrisa detuvo el tiempo.

Hubo un instante en el que todo se alineó: la música, las luces, las miradas… y ahí estaba ella, sonriendo como solo se sonríe cuando el corazón está lleno. Esa sonrisa no se planeó, no se practicó. Simplemente sucedió.


Y en ese momento, el tiempo se rindió ante su magia.